Desclasificación OVNI en Estados Unidos: ¿revelación histórica o puro "humo"?


Por Percy Taira


¿Estamos realmente ante el inicio de la mayor revelación de la historia moderna… o simplemente frente a otro capítulo más del eterno misterio OVNI?

Tras el alboroto inicial generado por la orden del presidente Donald Trump para desclasificar archivos relacionados con el fenómeno OVNI y la vida extraterrestre, llega el momento de analizar con calma qué significa realmente este proceso. La emoción fue comprensible. Durante décadas, investigadores, periodistas y entusiastas han pedido transparencia y verdad sobre este tema. Pero ahora que el anuncio está hecho, el tema clave no es qué deseamos que ocurra, sino qué es lo más probable que suceda.


¿Publicará Estados Unidos TODA la verdad?

Muchos se preguntan si el gobierno estadounidense revelará pruebas irrefutables de la existencia de vida extraterrestre inteligente, incluso aquí en la Tierra. La respuesta honesta, aunque poco emocionante, es que parece muy difícil.

Si —y subrayo el condicional— Estados Unidos poseyera naves extraterrestres, restos de tecnología no humana o entidades biológicas recuperadas desde hace décadas, resulta poco probable que los departamentos de Defensa o las agencias de inteligencia lo expongan en una conferencia televisada mundial. No es realista imaginar un recorrido por el Área 51 mostrando los supuestos restos del Incidente de Roswell ante las cámaras nacionales e internacionales.

En cambio, lo más probable es que tengamos una avalancha de documentos. Millones de páginas provenientes no solo del Departamento de Guerra, sino también de múltiples agencias de inteligencia. Es decir: informes, archivos, memorandos internos, y por supuesto, fotografías y videos. Pero incluso en ese escenario, cabe esperar que gran parte del material ya haya sido parcialmente conocido, debatido o incluso publicado en años anteriores.

En cuanto a las fotografías o videos podrían ser similares a los difundidos por el Pentágono en los últimos años: grabaciones borrosas, difíciles de interpretar, abiertas al debate. Material suficiente para alimentar la discusión, pero no necesariamente para cerrar el caso.


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El papel de la comunidad de inteligencia

Un elemento clave en este proceso es la directora de Inteligencia Nacional (DNI), Tulsi Gabbard, quien se comprometió a impulsar la revelación de archivos vinculados al fenómeno OVNI y la vida extraterrestre. Su posición es relevante porque supervisa a la comunidad de inteligencia estadounidense, que agrupa a cerca de 18 agencias, entre ellas la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), entre otros.


Esto sugiere que el volumen de información podría ser enorme.

Sin embargo, incluso si se publican miles o millones de documentos, surge otra cuestión: ¿contendrán algo realmente nuevo? El exdirector de la Oficina de Resolución de Anomalías (AARO) del Pentágono, Sean Kirkpatrick, ya había señalado que tras revisar numerosos archivos no encontró evidencia concluyente de tecnología extraterrestre. Si eso es completamente cierto o no, es motivo de debate. Pero nos adelanta las conclusiones a los que podrían llegar el Departamento de Guerra o los agencias de inteligencia de este país. 


La esperanza podría aparecer entre líneas

Entonces, ¿no veremos nada nuevo o de interés particular? Aunque no se espere una revelación espectacular, existe una posibilidad que entre la masa documental aparezcan detalles poco explorados. Por ejemplo, información sobre programas de ingeniería inversa, contratos con empresas privadas o análisis de materiales considerados “exóticos” o de origen desconocido.

Quizá no sean las pruebas definitivas que todos esperamos, pero sí datos que permitan nuevas líneas de investigación.

Además, el anuncio presidencial incluyó el tema de la vida extraterrestre en general, no solo el fenómeno OVNI. En ese terreno, podría haber espacio para noticias provenientes de agencias científicas como la NASA, en materia astronómica y astrobiológica. Aquí el margen para descubrimientos importantes es real, pero ojalá que la prudencia institucional no frene estos anuncios prematuros.


Más testigos hablando

Ahora bien, más allá del contenido específico de los archivos, el proceso de desclasificación puede tener dos efectos importantes.

El primero es psicológico. Con el respaldo explícito del presidente y del Congreso, antiguos militares o exfuncionarios podrían sentirse más protegidos para dar su testimonio. La protección legal a denunciantes sería clave en este escenario. Si nuevos testigos de alto nivel deciden hablar, el impacto podría ser incluso mayor que el de los documentos mismos.

El segundo efecto es social. Este proceso de desclasificación funcionará como un “tubo de ensayo” que permitirá observar cómo reacciona la opinión pública ante la posibilidad de una verdad final relacionada con el tema Ovni. En redes sociales ya aparecen reacciones que van desde referencias religiosas y apocalípticas hasta preocupaciones económicas.

Es fácil afirmar que la humanidad está preparada para una revelación. Pero cuando la información comienza a concretarse en informes, imágenes y declaraciones oficiales, la percepción cambia. Analizar esa reacción colectiva será tan interesante como el contenido revelado.


¿Quién guarda realmente los secretos?

Hay otro punto que suele pasar desapercibido. Si existiera un secreto de casi un siglo sobre tecnología no humana o presencia de entidades biológicas no humanas en la Tierra, ¿estaría realmente en manos de presidentes o funcionarios que cambian cada cuatro u ocho años?

Las administraciones pasan. Los directores rotan. Los congresistas cambian. Un secreto de tal magnitud, de existir, probablemente estaría en manos de estructuras más permanentes, alejadas del vaivén electoral.

Esto explicaría por qué muchos dudan de que incluso una orden presidencial garantice acceso total a la información más sensible.


Un efecto global

Ahora bien, otro efecto interesante es que si Estados Unidos avanza en este proceso de desclasificación, podría generar una presión internacional que podría motivar a otros países a hacer lo mismo. Por ejemplo, animar a gobiernos de Europa, Asia o América Latina a revisar y publicar sus propios archivos.

Incluso si las grandes potencias como Rusia o China mantienen reserva sobre este tema, naciones con menor presión estratégica podrían optar por mayor transparencia. Una pequeña bola de nieve podría empezar a crecer.


Expectativa sí, ilusión desmedida no

En resumen, estamos viviendo un momento interesante. Quizá histórico. Pero conviene mantener los pies en la tierra.

La experiencia indica que es poco probable que se revelen los secretos más profundos del fenómeno OVNI. Lo más factible es una gran cantidad de documentos, algunos conocidos, otros parcialmente censurados y, con suerte, algunos detalles inéditos que enriquezcan la investigación.

El verdadero valor de este proceso puede no estar en una “gran revelación”, sino en el debate que abre, en los testigos que podrían animarse a hablar y en la reacción social ante la posibilidad de que no estemos solos.


La pregunta ahora no es solo qué revelarán los archivos, sino algo más profundo: si algún día apareciera una prueba clara e indiscutible de presencia no humana en la Tierra, ¿crees que la sociedad estaría realmente preparada para asumirla con serenidad?

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