El Ovni que fue visto por más de 200 personas | El Incidente de Westall (Australia)

 


Hablar de fenómenos inexplicables en el cielo suele despertar tanto curiosidad como desconfianza. Quien afirma haber visto un objeto extraño corre el riesgo de ser ridiculizado, acusado de inventar historias o de estar confundido. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando no se trata de una sola persona, sino de cientos de testigos que observan exactamente lo mismo? Ese fue el caso ocurrido en 1966 en un suburbio de Melbourne, Australia, que hasta hoy sigue generando debate.

Conocido como el incidente de Westall, este episodio involucró a más de 200 personas entre estudiantes, profesores, vecinos y empleados de una escuela secundaria. Lo que presenciaron esa mañana quedó grabado en la memoria colectiva, pero nunca recibió una explicación oficial convincente.


Ilustración del Ovni basado en los testimonios de la época


Un día de clases que cambió la rutina de una comunidad

El 6 de abril de 1966, alrededor de las 11:30 de la mañana, los estudiantes de Westall High School participaban en actividades deportivas al aire libre. De pronto, varios alumnos repararon en un objeto inusual que se movía en el cielo. Lo que comenzó como un simple comentario entre jóvenes se transformó en cuestión de minutos en un evento que atrajo la atención de todo el colegio y de vecinos de la zona.

El artefacto descrito tenía forma de platillo con una cúpula en la parte superior. Su tamaño se estimó en aproximadamente el doble de un automóvil y brillaba en tonos metálicos entre gris, plateado y con reflejos violáceos. No parecía un avión ni un globo, y mucho menos un animal. Para todos los presentes, aquello era algo completamente desconocido.

La diferencia respecto a otros relatos de objetos voladores no identificados fue la cantidad de testigos. No se trataba de un par de observadores, sino de más de 200 personas que coincidieron en que algo extraño sobrevolaba la escuela. El objeto permaneció visible cerca de 20 minutos, desplazándose lentamente hasta llegar a una zona de pinos conocida como The Grange, justo detrás del colegio.

Algunos testigos aseguraron que el objeto descendió y se mantuvo suspendido sobre los árboles, mientras otros afirmaron que llegó a tocar el suelo. Lo que sí coincidió en los testimonios fue que después volvió a elevarse y desapareció con rapidez hacia el cielo.


Medio local reportando el extraño hecho


Reacciones de pánico y señales en el terreno

El avistamiento provocó distintas reacciones entre los presentes. Muchos estudiantes entraron en pánico, algunos corrieron sin rumbo por el patio escolar y hubo quienes rompieron en llanto convencidos de que estaban ante el fin del mundo. El desconcierto era general.

Tras la desaparición del objeto, decenas de curiosos se dirigieron hacia el bosque donde supuestamente había descendido. Allí encontraron marcas circulares en el suelo, áreas de pasto aplanado o quemado que reforzaban la idea de que algo pesado o con energía intensa había estado en contacto con el terreno.

Lejos de esclarecer el misterio, lo que ocurrió después lo volvió aún más inquietante. Ese mismo día, el director de la escuela reunió a profesores y alumnos en una asamblea. Allí les comunicó que lo ocurrido no debía comentarse con nadie y que, en realidad, no habían visto nada. El mensaje era claro: guardar silencio absoluto.

A pesar de la orden, la noticia se difundió rápidamente. Los medios locales informaron que lo ocurrido podía explicarse como un globo meteorológico arrastrado por el viento. Esa versión oficial fue publicada en periódicos y transmitida por televisión, pero para los testigos no tenía sentido alguno.



Investigaciones, silencio oficial y versiones enfrentadas

Tres días después del avistamiento, el 9 de abril, funcionarios del gobierno australiano visitaron la zona de The Grange. Testigos aseguran que los militares acordonaron el área, recogieron muestras del suelo e impidieron el acceso de curiosos. Algunos incluso mencionaron la presencia de hombres vestidos de traje que ordenaban a los vecinos y maestros no hablar más del tema, justificando que se trataba de un experimento secreto.

Con el paso del tiempo, los relatos comenzaron a variar. Algunos testigos se mantuvieron en silencio durante décadas por miedo al ridículo, mientras que otros dieron versiones distintas de lo ocurrido. Esta diversidad de testimonios dificultó aún más cualquier intento de investigación seria. Incluso hubo quienes inventaron relatos sin haber estado presentes, lo que contaminó la información original.

Aun así, grupos de investigación independientes como la Victorian Flying Saucer Research Society y Phenomena Research Australia recopilaron testimonios, fotografías y grabaciones en video. Nunca se llegó a una conclusión definitiva, pero sí se confirmó que algo extraño sucedió.

El terreno donde se encontraban las supuestas marcas terminó siendo incendiado tiempo después. Para algunos, el fuego fue provocado por el dueño de la propiedad cansado de las visitas constantes. Para otros, fueron los propios militares quienes lo destruyeron usando lanzallamas.


Un legado de misterio y dudas sin respuesta

Medio siglo después, el caso Westall continúa siendo uno de los avistamientos colectivos más grandes de Australia y uno de los más intrigantes del mundo. Para quienes lo vivieron, no se trató de un globo meteorológico ni de un fenómeno natural malinterpretado, sino de algo que aún escapa a la explicación.

Décadas más tarde, algunos investigadores y documentalistas intentaron dar voz a los testigos, quienes reclamaban reconocimiento después de haber sido desacreditados durante tantos años. Su objetivo no era otro que validar lo que vieron aquella mañana de 1966 y demostrar que no habían imaginado nada.

Hoy, el lugar donde supuestamente descendió el objeto fue convertido en una reserva forestal y parque público. Allí se instaló una estructura metálica con forma de platillo volador, un símbolo que para algunos es un homenaje y para otros una burla.

Las preguntas siguen abiertas. ¿Qué fue lo que realmente observaron más de 200 personas? ¿Por qué las autoridades se apresuraron a minimizar los hechos? ¿Se trató de un experimento secreto, de un error de identificación o de algo que va más allá de nuestra comprensión?

Lo cierto es que el incidente de Westall permanece como un recordatorio de que, frente a lo desconocido, ni siquiera cientos de testigos son suficientes para convencer a todos. La verdad detrás de aquel día de 1966 sigue sin revelarse y continúa alimentando la fascinación de quienes buscan respuestas.


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