REFLEXIÓN: ¿ERES LEÓN O TIBURÓN? CUANDO LA COMPETENCIA NOS HACE MENOS HUMANOS


Por Percy Taira

En un partido por la Copa Libertadores, un jugador de un equipo de fútbol mete un gol, y él y otro compañero, se lo gritan en la cara al portero vencido. Con ese gol no solo eliminaban al equipo contrario, sino que también pasaban a las semifinales de la Copa.

No es la primera vez que veo un gesto así, tan violento, tan descarado, de alguien que ante el triunfo, no hace más que menospreciar al vencido. Alguien, en resumen, que no sabe perder, pero que tampoco, sabe ganar. Esto nace creo yo, de algo mucho más profundo que es esta mentalidad competitiva y sumamente violenta, que se está inculcando en cada publicidad, en cada universidad y en cada centro laboral (algunos "coach" hacen esto de manera impune), en que todos debemos ser unos "leones", o unos "tiburones" y que debemos ir por nuestra meta como si fuera una presa, sin importar el qué o el cómo.

Lamentablemente, esto ya es visto como un valor, como la forma "en que se tienen que hacer las cosas" si quieres progresar. Si no lo haces "no estás listo, no sirves". Esta forma de pensar, nacido de un sistema liberal que no cree en las filosofías ni ideologías (son formas de perder el tiempo, poco prácticas), nos impulsa a conseguir la meta que deseamos (sea dinero, trabajo e incluso amor), lo que sea, sin preocuparte por el daño colateral que puedas provocar al lograrlo.

Es el pensamiento individualista al extremo, que te lleva a pensar de que tu bienestar, importa más que el del otro, que el de los demás, pero esto, que no necesariamente es malo, se vuelve perverso cuando para asumir eso, eliminas o matas la empatía, (eso que te hace ponerte en los zapatos del otro), y con ello, matas la sensibilidad social, parte fundamental de la sensibilidad humana, que es lo que nos hace convivir de manera pacífica y sana.

Eres el león pues, y estás en una selva de cemento, si no matas, te matan; eres el gran tiburón blanco y estás en una pecera, el pez grande que se come al chico; debes sobrevivir. No sé si esta gente, cuando al final logra las metas que se ha propuesto, luego de despedazar lo despedazable, de tumbarse lo tumbable y de traicionar lo traicionable (incluso a ellos mismos), son felices.

No sé si miran hacia atrás o hacia los lados y se preguntan qué será de esa persona a la que traicionaron, al que le metieron cabe, a la que le hizo el banquito o al que generaste rumores para que le boten de la chamba y tú tomar su puesto. No sé si serán felices al hacerlo. Quizá lo sean, dicen que eso del karma y del infierno solo les afecta a quienes creen en eso, y dicen también que Dios siempre ayuda a los que son más y no a los que son menos. Quién sabe, quizá piensen que se lo merecen, o quizá ahogan sus culpas aspirando coca, beban la absolución de la conciencia emborrachándose o la paz de la conciencia sacando la vuelta o con el sexo en puteríos con niñas. No lo sé.

Pero a esa gente, particularmente, no le deseo lo mejor. No es cuestión de envidia, no es cuestión de ser mala gente, simplemente, porque es gente mala y dañina, y después de todo, algo de justicia debe haber. Pues si creen que así es el mundo, y que así se manejan el mundo, no dejarán a su paso más que daño y dolor. Es mejor alejarse de ese tipo de gente. Y para los que no somos así, no nos dejemos convencer por la publicidad, el cine, la tele, el mundo no es así, tampoco tiene por qué ser así, ni el mundo está lleno de esa gente. No hay que caer en su juego insensible. Si tienes una meta, consíguela, pero no tienes que ensuciarte las manos ni la mente para lograrlo. Nada vale más que conseguir tus objetivos, manteniendo tu propia paz y tu tranquilidad. Así uno puede estar verdaderamente orgulloso de lo que ha hecho y tener una historia digna para contar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buen artículo, está más que claro que este tipo de personajes abundan en nuestra sociedad, les encantan salvarse ellos y poder continuar obteniendo grandes beneficios cueste lo que cueste, detrás de sus muchas caretas ocultas y silenciosas se les suele observar que no son felices con todo lo conseguido,y con lo que les falta tampoco.

El Guardián.