LA HISTORIA DE SAN GUINEFORT: EL PERRO SANTO




Por Percy Taira

Entre las historias más raras vinculadas con la religión católica, es sin lugar a dudas la historia del san Guinefort, la más rara de ellas, y es que a diferencia de sus otros pares santos, este tiene la particularidad de que no es un ser humano, como evidentemente es la costumbre, sino, que es un animal, específicamente, un perro.

Se dice que un perro puede ser el mejor amigo del hombre y ciertamente lo es, pero ¿puede ser un santo?


EL PERRO SANTO



La historia de este santo perro, nos lleva a la Francia del siglo XIII, se dice que en esa fecha, un día, el señor del castillo de Villar en Dombe, regresó a su vivienda cuando vio a su perro galgo llamada Guinefort, con las fauces manchadas de sangre. El perro cuidaba a uno de sus hijos, y sin razonar mucho, y al no poder encontrar a su hijo por ningún lado, el dueño pensó que el perro se había devorado a su pequeño.

Llevado por el dolor, el hombre golpeó y asesinó al perro con su espada, sin embargo, poco tiempo después, el hombre escuchó el llanto de su niño, y fue en ese momento, que siguiendo el rastro de ese llanto, lo pudo encontrar sano y salvo, pero al lado del menor, estaba el cuerpo sin vida de una serpiente.

¿Qué ocurrió? Al parecer, el perro, al notar la presencia de una serpiente que amenazaba al hijo de su amo, decidió enfrentarse a ella, matándola a mordiscos. Es decir, la sangre que el perro mostraba en sus fauces no era la del niño, sino, el de la serpiente.

El dueño, aceptando su error y en homenaje a su fiel amigo, enterró al perro en una fosa cubierta con piedras a la entrada del castillo. 

Lugar de la tumba de san Guinefort.
De pronto la historia del perro valiente comenzó a hacerse conocida entre los campesinos, los mismos que comenzaron a acudir a la tumba del galo. Poco a poco, el lugar se volvió en un centro de peregrinaje, y los pobladores comenzaron a adorar al perro como un santo y mártir, debido a que muchos le atribuían a este animal, un sinfín de milagros, sobre todo vinculados a la curación y protección de niños enfermos. 

El rito y la creencia por este santo perro fue tal, que llegó a los oídos de las máximas autoridades del Vaticano, que si bien aceptó algunos hechos milagrosos atribuidos al perro, decidió prohibir su culto. Es más, con la llegada de la Santa Inquisición, los restos de Guinefort fueron exhumados, quemados y su culto fue considerado herejía. 

Sin embargo, y como la voz del pueblo es la voz de Dios, la adoración de este santo cánido continuó hasta 1930, es decir, siete siglos después. 


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