CARTA DE LEONARDO DA VINCI A SFORZA BUSCANDO TRABAJO



Esta es una curiosa carta escrita por el genio Leonardo da Vinci, a Ludovico Sforza, líder de la familia que tenía el poder absoluto en la ciudad Milán.

La carta fue escrita entre los años 1483 o 84, cuando Leonardo tenía aproximadamente 32 años de edad.

Más que una carta, la verdad es que parece un currículo vitae, en las que el genio le comenta sus grandes habilidades en la ingeniería militar, una necesidad que en ese momento tenía Sforza para luchar contra sus enemigos.

Leonardo habla de puentes transportables, una especie de tanque, de armas capaces de atacar en enemigo ya sea en tierra y mar, también hace referencia de algo parecido a una granada, entre otros artilugios y armas de guerra.

Lo que sí resulta curioso, en todo caso, es que Leonardo no haya mencionado sus habilidades artísticas o conocimientos en otros campo.


"Mi ilustrísimo señor.

Habiendo visto y reflexionado ampliamente sobre las pruebas de todos aquellos que se consideran maestros e inventores de instrumentos de guerra, y habiendo descubierto que su invención y su uso de dichos instrumentos no difiere en nada de la práctica común, me siento animado, sin que ello perjudique a ninguna otra persona, a ponerme en comunicación con su Excelencia para informarlo acerca de mis secretos, y ofrecerme, a su placer, para demostrarle efectivamente en cualquier momento que sea conveniente, todos aquellos asuntos que se registran brevemente a continuación.

1. Tengo planos de puentes muy ligeros y fuertes, y que se pueden cargar con mucha facilidad...

2.Cuando un lugar está bajo asedio, sé cómo cortar el agua desde las trincheras y cómo construir una cantidad infinita de escaleras y otros instrumentos...

3. Si, a causa de la altura del terraplén y de la impenetrabilidad del lugar o de su ubicación, fuese imposible bombardearlo para reducirlo, conozco métodos para destruir cualquier ciudadela o fortaleza, incluso si ha sido construida sobre una roca.

4. Tengo planos para hacer cañones, muy convenientes y fáciles de transportar, con los cuales so podrían lanzar piedritas muy pequeñas, casi a la manera de granizo.

5. Y si sucediera que el encuentro es en el mar, tengo planos para construir muchas máquinas muy apropiadas para el ataque o la defensa, y naves que pueden resistir el fuego de los más pesados cañones, y la pólvora y el humo.

6. También tengo formas de llegar a un cierto punto a través de cavernas y pasajes secretos, construidos sin ruido aunque sea menester pasar debajo de... un río.

7. También puedo construir carros cubiertos, seguros e inexpugnables, que pueden romper las apretadas filas del enemigo con artillería, y no hay compañía de hombres armados tan poderosa que no pueda ser destruida de esta manera. Y detrás de la artillería, la infantería puede entrar sin daño y sin oposición.

8. También, si fuere necesario, puedo fabricar cañones, morteros y artillería ligera, con formas muy hermosas y útiles, muy diferentes de las de uso común.

9. Allí donde no sea posible emplear cañones, puedo suministrar catapultas, mandrones, trampas y otras máquinas de maravillosa eficiencia que no son de uso general. En resumidas cuentas, puedo suministrar, en la medida en que las diversas circunstancias así lo reuqieran, una cantidad inifita de máquinas de ataque y defensa.

10. En tiempos de paz, creo que puedo satisfacerlo tan completamente como cualquier otro en la arquitectura, en la construcción de edificios tanto públicos como privados, y en la conducción del agua de un lugar a otro.

11. También puedo ejecutar esculturas en mármol, bronce o arcilla, y pinturas, en lo cual mi trabajo aguanta la comparación con el de cualquier otro, quienquiera que sea.

12. Es más: me comprometo a llevar a cabo el trabajo del caballo de bronce que habrá de darle a la auspiciosa memoria de su padre el Príncipe, y d ela ilustre casa de los Sforza, gloria inmortal y honor eterno.

Y si cualquiera de las cosas anteriormente mencionadas pareciera imposible o impracticable a alguien, me ofrezco para hacer demostración de ellas en su parque o en cualquier lugar que a su Excelencia le plazca, y a usted me encomiendo con toda la humildad posible".


Al final, los esfuerzos de Da Vinci dieron sus frutos pues fue contratado por Sforza.


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