LIBROS DEL MISTERIO: EL VATICANO AL DESNUDO (IV - PARTE)

Por Sergio Tenguán

“Habrá tinieblas tan densas sobre la tierra que se podrán palpar” [...] un ciego a través del tacto te puede decir que lo que toca es una mesa aunque no la vea. Lo mismo sucede con la masonería vaticana: se palpa, por más que no se vea..."

A estas alturas, ya todos sabemos (o por lo menos sospechamos) que los masones están en todas partes. No solo en el Vaticano sino también en cargos políticos y empresariales a nivel mundial. Las imágenes que les he presentado demuestran como la masonería ha calado hondo en la curia vaticana, vemos por ejemplo catedrales e iglesias con símbolos masónicos en su construcción y también el estampado de una mitra perteneciente a un obispo de la iglesia y a su vez afiliado a la masonería. Sin embargo son muy pocas las imágenes que supongan un real veredicto con respecto a la existencia de infiltración masónica en el vaticano.

El poder de los masones en el vaticano reside en lo oculto y secreto de su infiltración, cuando se dan a conocer, es porque a la persona a la que le revelan su identidad, ha sido previamente escogida por el gran maestre y los hermanos de más alto rango, para que sirva a los planes secretos de la hermandad.

Todo este secretismo se debe a que en el año 1738, el 28 de Abril para ser más precisos, el papa Clemente XII ordena la excomulgación de todos los católicos que pertenecían o pretendían ingresar a la sociedad secreta de la masonería. Entre las razones para esta medida tan radical tenemos que:

• Los hombres pretendían legislar leyes para gobernarse a sí mismos.

• La masonería pretendía que existiera una separación entre Estado e Iglesia.

• Querían introducir la educación laica.

En nuestros días estas tres razones por las cuales se excomulgó a los masones, nos merecería la reprobación y la prohibición por parte de la Iglesia de recibir los sacramentos a la gran mayoría del mundo, puesto que esta es la manera en que se constituyen los países ahora.

En esa época no era así, aun habían reinos que gobernaban de la mano de la Iglesia. En Europa la Iglesia seguía siendo muy fuerte como para que los masones se impongan abiertamente sin embargo, no ocurrió lo mismo en el nuevo continente americano, lleno de esperanza, de ideas y de libertad.

Recién en el año 1974, el padre jesuita Giovanni Caprile, escribe un artículo en la revista Civiltà Cattolica (19 de Octubre) tranquilizando a la gente e intentando conciliar las diferencias. En este artículo él dice:

«Si su fe de católico no encuentra en el grupo masónico al que pertenece nada que sea sistemáticamente hostil y organizado contra la Iglesia y sus principios morales y doctrinales, puede permanecer en la asociación. Ya no deberá considerarse excomulgado y como cualquier otro fiel, podrá acercarse a los sacramentos y participar plenamente de la vida de la Iglesia.»

Esto le quitó el miedo a muchos masones católicos pero en el año 1981 el Vaticano, ahora sí en comunicado oficial, volvió a confirmar que no había cambiado en nada la disciplina canoníca con respecto a la pertenencia de católicos a la masonería.

El mismo Juan Pablo II vuelve a renovar la condena a los masones fuera cual fuera su obediencia, regular o no, el 26 de Noviembre de 1983.

Los autores del libro nos cuentan que si bien es cierto los masones están bien arraigados dentro del Vaticano y consiguen hacer de las suyas ocupando puestos de importancia en la curia romana y por supuesto que todo esto manteniéndolo en el más absoluto secreto, de todas maneras no todos escapan a las investigaciones del Opus Dei.

Les comenté antes, que los masones escogen con mucho cuidado a quienes van a formar parte de sus filas, los candidatos deben reunir ciertos requisitos tales como, inteligencia privilegiada, ansia de hacer carrera, ambición, rápida intuición para comprender y fingir no comprender, generosidad en el servicio y prestancia física.

Una vez encuentran al candidato, comienza el abordaje que consiste, en un inicio, a reunirse de vez en cuando para alabar, elogiar y lisonjear al individuo, cosas así como: ¡Pero qué inteligente es usted, qué amabilidad la suya, qué delicadeza, qué distinción! Usted esta desaprovechado en el lugar que ocupa... tenemos que buscarle otra cosa mejor.

Luego de conseguirle los ascensos necesarios para que el candidato se vuelva alguien más o menos importante, viene la etapa de la aclaración, en la cual los masones se revelan ante él y le cuentan cómo es que ha conseguido todo, gracias a las influencias de la orden masónica y sus amigos de dentro y fuera de Vaticano. Le ofrecen en ese momento la elección de seguir colaborando o no con la organización y ya todos sabemos que es lo que el señor (ahora monseñor) candidato elegirá.

Es así como la masonería se está apoderando de los puestos claves en la curia y Los Milenarios nos dicen que el reino de Satanás consiste precisamente en sustituir lo verdadero por lo falso para que el hombre justo parezca un mentiroso. Esta sustitución nos lleva también a creer solo en falsedades y nos introducen sutilmente la cantidad justa de odio hacia lo verdadero que nos hace pelearnos con la verdad.

Durante este mes hemos comentado el libro El Vaticano contra Dios escrito por este grupo de sacerdotes del Vaticano que se hacen llamar Los Milenarios. En su afán por hacer los correctivos necesarios para enderezar el sendero de la Iglesia, nos hemos enterado de como se manejan los hilos de este estado religioso, la Santa Sede, que de santa no tiene nada y nos ha quedado claro que la corrupción y las ansias de poder son imperativos para progresar en aquel mundillo eclesiástico.

Sin embargo, cabe recordar amigos lectores, que estamos hablando solo del 20 por ciento de sacerdotes, religiosos y religiosas que están metidos en este saco de mentiras y manipulaciones. El 80 por ciento restante es gente de bien, que con aciertos y desaciertos, dan lo mejor de sí mismos para ayudar al prójimo y llevar la buena nueva a todos los rincones del planeta. Mucha suerte para todos ellos y que Dios y/o el Gran Arquitecto los bendiga y los ayude en su misión.

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