LIBROS HISTÓRICOS Y DEL MISTERIO: TRATADO DE PINTURA DE LEONARDO DA VINCI – PARTE VII


Figura III y IV


Figura V

Figura VI


Figura VII



Lámina I



LXXI.

De la representación del tamaño de las cosas que se pinten.

Al representar el tamaño que naturalmente tienen los objetos antepuestos á la vista, se deben ejecutar las primeras figuras (siendo pequeñas) tan concluidas como en la miniatura, y como las grandes de la pintura al óleo; pero aquellas se deben mirar siempre de cerca, y estas de lejos; y asi su ejecución debe corresponder á la vista con tamaño igual; porque se presentan con igual magnitud de ángulo, como se ve en la siguiente demostración. Sea el objeto B C, y el ojo A: sea D E un cristal, por el cual se vean las especies de B C. Digo, pues, que estando la vista firme en A, el tamaño de la pintura que se haga por la imitación de [ pág. ]B C debe ser en sus figuras tanto menor, cuanto mas próximo se halla á la vista A el cristal D E, y á proporción concluida su ejecución. Pintando la misma figura B C en el cristal D E, deberá estar menos concluida que la B C, y mas que la M N pintada sobre F G; porque si la figura O P estuviese concluida como la natural B C, seria falsa la perspectiva de O P, pues aunque estaria arreglada en cuanto á la diminución de la figura, estando disminuido B C en P O; no obstante la conclusión no seria correspondiente á la distancia: porque al examinar la perfección de la conclusión del natural B C, pareceria hallarse B C en el sitio de O P; y al examinar la diminución de O P, parecerá que se halla en la distancia de B C, y según la disminución de su conclusión en F G. Figura III.

LXXII.

De las cosas concluidas, y de las confusas.

Los objetos concluidos y definidos deben estar cerca; y los confusos y deshechos muy lejanos.

LXXIII.

De las figuras separadas para que no parezcan unidas.

Procúrese siempre vestir á las figuras de un color que haga gracia la una con la otra, y cuando el uno sirve de campo al otro, sean de modo que no parezca que están ambas figuras pegadas, aunque el color sea de una misma naturaleza; sino que con la variedad del claro, correspondiente á la distancia intermedia y de la interposición del aire, se dejarán mas ó menos concluidos los contornos á proporción de su proximidad ó separación.

LXXIV.

Si se debe tomar la luz por un lado ó de frente; y cuál de estas sea mas agradable.

Dando la luz de frente en un rostro que se halle entre paredes oscuras, saldrá con grande relieve, y mucho mas si la luz es alta; porque entonces las partes anteriores del tal rostro están iluminadas con la luz universal del aire que tiene delante, y por consiguiente sus medias tintas serán insensibles casi, y luego se siguen las partes laterales oscurecidas con la oscuridad de las paredes de la estancia, con tanta mas sombra, cuanto mas adentro se halle el rostro. Ademas de esto la luz alta no puede herir en aquellas partes mas bajas, por interponerse otras superiores que avanzan mas, que son los relieves de la cara, como las cejas que quitan la luz á la cuenca del ojo, la nariz, que la quita en parte á la boca, la barba á la garganta.

LXXV.

De las reverberaciones.

Las reverberaciones las producen los cuerpos que tienen mucha claridad, y cuya superficie es plana y semidensa, en la cual hiriendo los rayos del sol, los vuelve á despedir, de la misma manera que la pala arroja la pelota que da en ella.

LXXVI.

En qué parages no puede haber reverberación de luz.

Todos los cuerpos densos reciben en su superficie varias cualidades de luz y sombras. La luz es de dos maneras, primitiva y derivativa. La primitiva es la que nace de una llama; del sol ó de la claridad del aire. La derivativa es lo que llamamos reflejo. Pero para no apartarme del principal asunto, digo que en aquellas partes de un cuerpo que hacen frente á otros cuerpos oscuros, no puede haber reverberacion luminosa, como algunos parages oscuros de un techo en una estancia, de una planta ó de un bosque, sea verde ó sea seco; los cuales, aunque la parte de algún ramo esté de cara á la luz primitiva y por consiguiente iluminada, no obstante, hay tanta multitud de sombras causadas del amontonamiento de los ramos, que sufocada la luz con tal oscuridad, tiene poquísima fuerza; por lo cual dichos objetos de ninguna manera pueden comunicar á las cosas que tienen en frente reflejo alguno.

LXXVII.

De los reflejos.

Los reflejos participan mas ó menos de la cosa que los origina, ó en donde se originan á proporción de lo mas ó menos terso de la superficie de las cosas en donde se originan, respecto de aquella que los origina.

LXXVIII.

De los reflejos de luz que circundan las sombras.

Los reflejos de las partes iluminadas, que hiriendo en la sombra contrapuesta iluminan ó templan mas ó menos la oscuridad de aquella, respecto á su mayor ó menor proximidad, ó á su mas ó menos viva luz, los han practicado en sus obras varios profesores, y otros muchos lo han evitado, criticándose mutuamente ambas clases de sectarios. Pero el prudente Pintor, para huir la crítica de unos y otros igualmente, procurará ejecutar lo uno y lo otro en donde lo halle necesario, cuidando siempre que estén bien manifiestas las causas que lo motiven; esto es, que se vea con claridad el motivo de aquellos reflejos y colores, y el motivo de no haber tales reflejos. De esta manera, aunque los unos no le alaben enteramente, tampoco podrán satirizarle abiertamente; porque siempre es preciso procurar merecer la alabanza de todos, como no sean ignorantes.

LXXIX.

En qué parajes son mas ó menos claros los reflejos.

Los reflejos son mas ó menos claros, según la mayor ó menor oscuridad del campo en que se ven: porque si el campo es mas oscuro que el reflejo, este será entonces muy fuerte, por la gran diferencia que hay entre ambos colores; pero si el reflejo se ha de representar en campo mas claro que él, entonces parecerá oscuro respecto á la claridad sobre que insiste, y será casi insensible.


LXXX.

Qué parte del reflejo debe ser la mas clara.

Aquella parte del reflejo será mas clara que reciba la luz dentro de un ángulo mas igual. Sea N el cuerpo luminoso, y A B la parte iluminada de otro cuerpo, la cual resulta por toda la concavidad opuesta, que es oscura. Imagínese que la luz que reflecte en F tenga iguales los ángulos de la reflexión. E no será reflejo de base de ángulos iguales, como demuestra el ángulo E A B, que es mas obtuso que E B A; pero el ángulo A F B, aunque se halla dentro de ángulos menores que el ángulo E, tiene por base á B A que está entre ángulos mas iguales que E; por lo cual tendrá mas luz en F que en E, y será también mas claro, porque está mas próximo á la cosa que le ilumina segun la proposición que dice: aquella parte del cuerpo oscuro será mas iluminada, que esté mas próxima del cuerpo luminoso. Figura IV.

LXXXI.

De los reflejos de las carnes.

Los reflejos de las carnes que reciben la luz de otras carnes, son mas rojos y de un color mas hermoso que cualesquiera de las otras partes del cuerpo del hombre; por la razón de aquellas proposiciones que dicen: la superficie de todo cuerpo opaco participa del color de su objeto; y respecto á la mayor ó menor proximidad de dicho objeto, es mas ó menos su luz, según la magnitud del cuerpo opaco; porque si este es muy grande impide las especies de los objetos circunstantes, los cuales por lo regular son de varios colores, y estos alteran las primeras especies que están mas próximas, cuando los cuerpos son pequeños; pero también es cierto que un reflejo participa mas de un color próximo, aunque sea pequeño, que de otro remoto, aunque sea grande, según la proposición que dice: podrá haber cosas grandes á tanta distancia, que parezcan menores que las pequeñas miradas de cerca.

LXXXII.

En qué parages son mas sensibles los reflejos.

Cuanto mas oscuro sea el campo que confina con el reflejo, tanto mas evidente y claro será este; y cuanto mas claro sea el campo, menos perceptible será el reflejo. La razón de esto es, que puestas en contraste las cosas que tienen diferentes grados de sombra, la menos oscura hace que parezca tenebrosa la otra; y entre las cosas iluminadas la mas clara hace parecer algo oscura á la otra.

LXXXIII.

De los reflejos duplicados y triplicados.

Los reflejos duplicados son mas fuertes que los simples; y las sombras interpuestas en los claros incidentes y los reflejos son poco sensibles. Por ejemplo: sea A el luminoso; A N, A S los rayos directos; S N las partes de un cuerpo iluminado; O E las iluminadas con reflejos; será el reflejo A N E reflejo simple; A N O, A S O reflejo duplicado. Llámase reflejo simple aquel que produce un cuerpo iluminado solo; y el duplicado es el que producen dos cuerpos iluminados y el simple. El reflejo E lo origina el cuerpo iluminado B D; el duplicado O se compone del iluminado B D y D R, y su sombra es muy poca por estar entre la luz incidente N y la refleja N O, S O. Figura V.

LXXXIV.

Ningún color reflejo es simple sino mixto de los que le producen.

Ningún color que reflecta en la superficie de otro cuerpo la tiñe de su propio color, sino que este será una tinta compuesta de todos los demás colores reflejos que resaltan en el mismo parage. Por ejemplo: reflejando el color amarillo A en la parte del cuerpo esférico C O E, é igualmente el azul B, será el reflejo mixto del amarillo y azul; de modo que si el tal cuerpo esférico era blanco, quedará teñido en aquel parage de verde; porque de la mixtión del amarillo y azul resulta verde hermoso. Figura VI.

LXXXV.

Rarísimas veces son los reflejos del mismo color que tiene el cuerpo en donde se manifiestan.

Pocas veces sucede que los reflejos sean del mismo color del cuerpo en que se juntan. Por ejemplo: sea el esférico D F G E amarillo, el objeto que reflecte en él su color sea B C azul, aparecerá la parte del esférico en donde esté el reflejo teñida de color verde, siendo B C iluminado por el sol ó la claridad del aire. Figura VII.

LXXXVI.

En qué parte se verá mas claro el reflejo.

Entre los reflejos de una misma figura, tamaño y luz aquella parte de ellos será mas ó menos evidente que termine en campo mas ó menos oscuro.

Las superticies de los cuerpos participan mas del color de aquellos objetos que reflecten en ellos su semejanza dentro de ángulos mas iguales.

Entre los colores de los objetos que reflecten su semejanza en la superficie de los cuerpos antepuestos dentro de ángulos iguales, será el de mas fuerza aquel cuyo rayo reflejo sea mas corto.

Entre los colores de los objetos que se reflejan dentro de ángulos iguales y con alguna distancia en la superficie de los cuerpos contrapuestos, el mas fuerte será el del color mas claro.

Aquel objeto reflectirá mas intensamente su color en el antepuesto, que no tenga en su circunferencia otros colores distintos del suyo. Y aquel reflejo que se origine de muchos colores diferentes, dará un color mas ó menos confuso.

Cuanto mas próximo esté el color al reflejo, tanto [ pág. ]mas teñido estará este de él, y al contrario.

Esto supuesto, procurará el Pintor en llegando á los reflejos de la figura que pinte, mezclar el color de las ropas con el de la carne, según la mayor ó menor proximidad que tuvieren; pero sin distinguirlos demasiado, como no haya necesidad.

LXXXVII.

De los colores reflejos.

Todos los colores reflejos tienen mucha menos luz que la directa; y entre la luz incidente y la refleja hay la misma proporción que entre la claridad y la causa de ella.

LXXXVIII.

De los términos del reflejo en su campo.

Siendo el campo mas claro que el reflejo, hará que el término de este sea imperceptible; pero siendo mas oscuro, resaltará entonces el reflejo á proporción de la mayor ó menor oscuridad del campo.


LXXXIX.

De la planta de las figuras.

Conforme disminuye el lado sobre que insiste un desnudo, tanto mas crece el opuesto; de modo que todo lo que el lado derecho sobre que insiste se minora, igualmente se aumenta el izquierdo, quedando siempre en su lugar el ombligo y miembro. Esta diminución consiste en que la figura que se planta sobre el un pie, hace centro del peso universal en aquel punto; en cuya disposición se levantan los hombros, saliéndose de la perpendicular que pasa por el medio de ellos y de todo el cuerpo, y cuando dicha línea hace base sobre el un pie, de modo que queda oblicua, suben entonces los lineamentos que atraviesan; porque siempre han de formar ángulos iguales con ella, bajándose por la parte sobre que insiste la figura, y elevándose en la opuesta. Véase B C, lámina I.

XC.

Modo de aprender á componer las figuras de una historia.

Luego que esté el joven instruido en la Perspectiva, y sepa tantear de memoria una figura, irá observando en todas las ocasiones y sitios con retentiva la colocación casual y movimiento de los hombres, cuando hablan, cuando disputan, cuando riñen ó cuando rien; advertirá las actitudes que toman en aquel instante, las de los que se hallan á su lado, ó los que van á separarlos, y los que están mirándolos. Todo esto lo irá apuntando ligeramente en una libretilla que deberá llevar consigo siempre; y estas apuntaciones se guardarán cuidadosamente; porque como son tantas las actitudes y formas de la figura, no es capaz la memoria de retenerlas; y asi debe conservar la libreta como un auxilio ó Maestro para las ocasiones.


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