LIBROS HISTÓRICOS Y DEL MISTERIO: TRATADO DE PINTURA DE LEONARDO DA VINCI – PARTE II



XI

Precepto al Pintor.

El Pintor que en nada duda, pocos progresos hará en el arte. Cuando la obra supera al juicio del ejecutor, no adelantará mas este; pero cuando el juicio supera á la obra, siempre irá esta mejorando, á menos que no lo impida la avaricia.

XII

Otro precepto.

Primeramente debe el Pintor ejercitarse en copiar buenos dibujos, y después de esto, con el parecer de su maestro, se ocupará en dibujar del relieve, siguiendo exactamente las reglas que luego se darán en la sección que de esto trate.

XIII

Del perfilar las figuras de un cuadro.

El perfil de un cuadro de historia debe ser muy ligero, y la decisión y conclusión de las partes de cada figura es menester que no sea demasiado acabada. Solo se pondrá cuidado en la colocación de ellas, y luego, si salen á gusto, se podrán ir concluyendo despacio.

XIV
De la corrección de los errores que descubre uno mismo.

Debe poner cuidado el Pintor en corregir inmediatamente todos aquellos errores que él advierta, ó le haga advertir el dictámen de otros, para que cuando publique la obra, no haga pública al mismo tiempo su falta. Y en esto no debe lisonjearse el Pintor que en otra que haga subsanará y borrará el presente descuido; porque la pintura una vez hecha nunca muere, como sucede á la música, y el tiempo será testigo inmutable de su ignorancia. Y si quiere excusarse con la necesidad, la cual no le da el tiempo necesario para estudiar y hacerse verdadero Pintor, la culpa será entonces también suya; porque un estudio virtuoso es igualmente pasto del alma y del cuerpo. ¡Cuántos filósofos hubo que habiendo nacido con riquezas, las renunciaron, porque no les sirviesen de estorbo en el estudio!

XV

Del propio dictámen.

No hay cosa que engañe tanto como nuestro propio dictámen al juzgar de una obra nuestra; y en este caso mas aprovechan las críticas de los enemigos, que las alabanzas de los amigos; porque estos, como son lo mismo que nosotros, nos pueden alucinar tanto como nuestro propio dictámen.

XVI

Modo de avivar el ingenio para inventar.

Quiero insertar entre los preceptos que voy dando una nueva invención de especulación, que aunque parezca de poco momento, y casi digna de risa, no por eso deja de ser muy útil para avivar el ingenio á la invención fecunda: y es, que cuando veas alguna pared manchada en muchas partes, ó algunas piedras jaspeadas, podrás, mirándolas con cuidado y atención, advertir la invención y semejanza de algunos países, batallas, actitudes prontas de figuras, fisonomías extrañas, ropas particulares y otras infinitas cosas; porque de semejantes confusiones es de donde el ingenio saca nuevas invenciones.

XVII

Del continuo estudio que se debe hacer aun al tiempo de despertarse y ó poco antes de dormir.

He experimentado que es de grandísima utilidad, hallándose uno en la cama á oscuras, ir reparando y considerando con la imaginación los contornos de las formas que por el día se estudiaron, ú otras cosas notables de especulación delicada, de cuya manera se afirman en la memoria las cosas que ya se han comprendido.

XVIII

Primero se ha de aprender la exactitud que la prontitud en el ejecutar.

Cuando quieras hacer un estudio bueno y útil, lo dibujarás primero despacio, y luego irás advirtiendo cuántas y cuáles son las partes que gozan los principales grados de luz: y de la misma manera las que son mas oscuras que las otras; como también el modo que observan de mezclarse las luces y las sombras, y su cualidad: cotejarás igualmente unas con otras, y considerarás á qué parte se dirijan las líneas, y en ellas cual parte hace cóncava y cual convexa, en dónde va mas ó menos señalada, mas ó menos sutil, y por último cuidarás que las sombras vayan unidas y deshechas, como se ve en el humo, y cuando te hayas acostumbrado bien á esta exactitud, le hallarás con la práctica y facilidad sin advertirlo.

XIX

El Pintor debe procurar oír el dictámen de cada uno.

Nunca debe el Pintor desdeñarse de escuchar el parecer de cualquiera, mientras dibuja ó pinta; porque es evidente que el hombre, aunque no sea Pintor, tiene noticia de las formas del hombre, y conoce cuando es jorobado, si tiene la pierna demasiado gruesa, ó muy grande la mano, si es cojo, ó tiene cualquier otro defecto personal: y pues que el hombre puede por sí juzgar de las obras de la naturaleza, ¡cuánto mas bien podrá juzgar de nuestros errores!

XX

Siempre se debe consultar el natural.

El que crea que en su imaginación conserva todos los efectos de la naturaleza, se engaña; porque nuestra memoria no tiene tanta capacidad; y asi en todo es menester consultar con el natural cada parte por sí.

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