EL REVELADOR DESCUBRIMIENTO DE CARAL




En 1997, una gran noticia sacudió el mundo de la arqueología mundial. La arqueóloga peruana Ruth Shady, anunció el descubrimiento de Caral, la cultura pre cerámica más antigua de América.

Esta noticia fue reveladora y revolucionaria por varios motivos, primero, porque la ciudad develó tener más de 4 mil años de antigüedad, ubicándose inmediatamente a la par con las cinco principales culturas originarias del mundo, como son Mesopotamia, Egipto, India, China y Mesoamérica, algo que para los arqueólogos era difícil de prever pues consideraban, hasta esa fecha, que las culturas de América eran menos antiguas que las asiáticas.

El descubrimiento de Caral demostró pues, que lejos de lo que se creía, sí existía en nuestro continente una cultura que nacía y se desarrollaba a la par de las otras culturas originarias de la civilización moderna, es más, que esta cultura, al igual que sus contemporáneas, fue lo suficientemente capaz como para desarrollar una sociedad, una estructurada civilización algo que en ese entonces era simplemente impensable.

Pero eso no es todo, la sorpresa mayor fue que Caral resultó ser una civilización muy distinta a la que muchos podrían presumir debido a la época de su florecimiento.

Caral, la ciudad de la paz

Una de las grandes preguntas que enfrentaban los sociólogos, historiadores, arqueólogos y antropólogos, era por qué una tribu o clan, decide en un determinado período de tiempo unirse y formar una sociedad estructurada con normas, leyes y obligaciones, es decir, en una especie de Estado moderno.

Los especialistas en la materia, consideraban como única posibilidad que esta unión se debía principalmente a la protección y a la seguridad de los diversos clanes que conformaban una región.

Como se sabe, toda sociedad se basa en torno a determinados intereses, en esos tiempos, la comunidad científica determinó que el único interés que podía lograr la unión de esas personas era el resguardo de su seguridad física.

Es decir, era el miedo a la violencia, a la guerra, lo que los unió de una forma u otra, y fue ese mismo miedo que los llevó a integrar sociedades mucho más complejas que las de su propia comunidad o tribu y a aceptar las reglas, normas y deberes que una estructura de este tipo necesita para su existencia.

Sin embargo, lo sorprendente del asunto, es que en Caral no se ha encontrado hasta el momento ningún rastro de arma u objeto que pudiera considerársele como tal o restos de alguna presencia militar en la zona.

Lo que sí se ha descubierto, empero, es una gran variedad de pirámides y centros ceremoniales además de productos agrícolas y marinos, productos incluso provenientes de la sierra y de la selva, lo que para Shady demuestra que Caral era el más importante punto comercial de la época.

Las investigaciones refieren que Caral fue un importante productor comercial en materia agrícola, sobre todo en el algodón, hecho que motivó, por ejemplo, a que se creara una importante ruta comercial con los habitantes de las costas del Perú, dedicados a la pesca, puesto que el algodón era la materia prima con que se fabricaban las redes de pesca de aquella época. Caral les entregaba entonces algodón y los pescadores les entregaban a ellos como pago, peces, hecho que permitió el desarrollo y el crecimiento de la población, que nunca estaba desabastecida de alimento.

Con esta técnica de comercio, Caral prontamente se habría convertido en el primer pueblo dedicado la integración económica entre diversas regiones. Además de los peces, conseguían cóndores de los andes para crear de sus huesos diversas herramientas, también consiguieron cocos y otras frutas de la selva. Así, Caral fue uniendo por una necesidad económica a la vez lugares distantes del territorio peruano.

Es por esto que según los investigadores la unión de Caral no fue por una necesidad de protección sino por una cuestión meramente económica y comercial.

La ausencias de guerras e incluso de sacrificios humanos llevó a que esta ciudad tuviera una formación esencialmente pacífica, producida por la necesidad y dependencia común generada por el comercio, permitiéndoles desarrollar otras virtudes que como sociedad, resultaba de vital importancia para el mundo antiguo, Caral se convirtió entonces en un punto de encuentro para las celebraciones religiosas y culturales en los pueblos de hace 4 mil años.

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