Una mirada distinta (y arqueológica) al “Astronauta de Palenque”

UNA MIRADA DISTINTA (Y ARQUEOLÓGICA) AL “ASTRONAUTA DE PALENQUE”



Pese a que los historiadores y arqueólogos consideran hoy como algo sumamente descabellado calificar como “astronauta” o “cohete” al ser trazado sobre la losa encontrada en 1952 en la tumba del Señor de Pacal, aún hoy muchas personas persisten en creer que este resto arqueológico (que narraría el paso de la vida a la muerte de un rey Maya) es la mejor prueba de los denominados OOPARTS, es decir, objetos modernos que fueron entregados por los “dioses” o para ser más exactos, por seres extraterrestres, a las civilizaciones antiguas para lograr su desarrollo tecnológico para su posterior adoración.

Sin embargo, cabe preguntarse, ¿por qué, pese a que el propio descubridor, el mexicano Alberto Ruz de Lhuillier, ya consideraba este monolito en el momento de su hallazgo como un elemento fúnebre del templo de las Inscripciones de Palenque, pasó a ser la prueba máxima de la intervención de seres de otros mundos?

El origen del astronauta y el cohete de palenque

El nacimiento tendría sus orígenes en 1966, es decir 14 años después del hallazgo, cuando los investigadores italianos André Millou y Guy Tarade publicaron en la revista Clypeus de Turín (Italia) un artículo titulado “L’enigma di Palenque” o El enigma de Palenque.

En este artículo, los investigadores, quizá llevados por la extraña representación de una persona en una postura que se asemejaba mucho a los modernos pilotos de motocicletas o hasta los ahora desconocidos, pilotos de cohetes, no tuvieron reparos en describir de esta manera la mentada figura:

“El personaje que está en el centro de la losa y que nosotros llamamos piloto lleva un casco y mira hacia la parte delantera del aparato. Sus dos manos manipulan unos resortes.

La mano derecha se apoya sobre una palanca idéntica a las utilizadas en el cambio de marchas de los autos Citroën 2 CV. Su cabeza está apoyada en un soporte; un inhalador penetra en su nariz, lo que indica claramente un vuelo estratosférico.

La nave donde viaja, exactamente equipada como un cohete espacial, parece ser un vacío cósmico que utiliza la energía solar. En efecto, en la parte delantera del aparato aparece la figura de un papagayo, pájaro que representa al dios volante de los símbolos mayas. La palabra “energía” sería más apropiada que la de “dios”, ya que en la descomposición de la luz mediante prisma podemos encontrar la gama de colores del plumaje de una papagayo.

El color dominante habitual de estos pájaros es el verde, color de los dioses venusianos. Y cosa muy curiosa y coincidente es que los testimonios más fidedignos afirman que los platillos volantes, a su paso por el cielo, lo impregnan de color verde.

En la parte anterior del cohete, justo detrás de la proa, están dispuestos diez acumuladores, y también son visibles más condensadores de energía. El motor se halla en cuatro compartimientos en la parte delantera, y en la trasera aparecen unas células y vemos unos órganos complejos que están conectados por unos tubos a una tobera que expulsa fuego”.

¿Palanca de cambios de marcha?, ¿vuelo estratosférico?, ¿energía solar?, ¿dioses venusianos?, ¿platillos voladores que dejan estelas verdes en el cielo?

Pese a que en estos tiempos la descripción parece jalada de los pelos, en su tiempo logró gran acogida dentro del público masivo hecho que provocó que la figura del ahora astronauta de Palenque se hiciera rápidamente popular en Europa.

El astronauta de Erich von Däniken

Pero este par de investigadores no fueron los únicos que se encargaron de darle fama mundial a esta losa de piedra. Otro de los que confío fervientemente en esta teoría fue el escritor suizo Erich von Däniken, quien aprovechando la crecida fama de lo que ya era conocido como el “astronauta de Palenque”, publicó en 1968 su libro “Recuerdos del futuro”, en la que con frases más y frases menos consideró a la losa de piedra como la prueba irrefutable de que los extraterrestres no sólo nos visitaron en la antigüedad sino que llegaron incluso a colonizar y a dejarnos pruebas de su alta tecnología, como el referido cohete.

Erich von Däniken nos dice en su libro:

“Ante nuestros ojos aparece un ser humano, sentado con el torso inclinado hacia delante como un corredor ciclista; cualquier niño de nuestros días identificaría su vehículo con un cohete. El artefacto tiene una cabeza puntiaguda, continúa con unas extrañas aletas estriadas, luego se ensancha y termina a popa en un fuego llameante.

El propio ser, encorvado y tenso, manipula una serie de palancas indefinibles y apoya el talón izquierdo en una especie de pedal. Su indumentaria es funcional: un pantalón corto a cuadros con un ancho cinto, una chaquetilla de moderno corte japonés, gruesas manoplas y polainas. Puesto que conocemos ya como precedente otras representaciones similares, nos extrañaría mucho la falta del complicado sombrero. Pero no, ahí está de nuevo el casco con sus resaltes y pinchos semejantes a antenas.

Nuestro astronauta —su silueta es inconfundible y, por tanto, podemos llamarlo así— no evidencia sólo acción por la actitud; ante su vista cuelga un aparato que él observa con mirada fija y penetrante. Entre el asiento delantero ocupado por el astronauta y la parte posterior del vehículo, donde vemos cajas, círculos, puntos y espirales, hay varios puntales”.

Una mirada distinta (y arqueológica) al astronauta de Palenque

Pese a todas estas teorías, que como repetimos si bien hoy pueden sonar descabelladas tuvieron en su tiempo gran acogida, la realidad sobre lo que es o en todo caso, lo que puede ser el “astronauta de Palenque” es muy distinta a las vertidas anteriormente.

Según explica el arqueólogo español y director de la Revista de Arqueología, Nacho Ares, el referido hombre del espacio no sería más que la representación de un soberano maya, en este caso, el propio rey de Pacal, en tanto que su llamado cohete, haría referencia a un intrincado conjunto de símbolos y geoglifos propios de la cultura maya que narraría las peripecias por las que tendría que pasar el mencionado personaje para lograr su paso al mundo de los muertos.

Ares nos dice sobre la referida imagen, en un artículo titulado “El astronauta» de Palenque - El más allá del espacio” lo siguiente:

“Todo parece indicar que el relieve del «astronauta» no es mas que la representación de la divinización de Pacal, mandada realizar seguramente por su hijo K’inich Kan Balam. Por su parte, la «nave» o «cohete» no sería tal sino una elaborada representación de una cruz o árbol de la vida que vemos con frecuencia sobre relieves conservados no solamente en muchos lugares de Mesoamérica sino en el propio Palenque.

Este tipo de cruz o árbol siempre tiene la misma estructura. En su parte superior el árbol está coronado por un pájaro quetzal, símbolo del dios sol. El tronco está formado por ramas cubiertas por una serpiente, y de cuyos extremos surgen mazorcas de maíz antropomorfas. Finalmente en la parte inferior, junto a las raíces de la planta, léase el infierno, vemos un demonio”.

Esta versión se acerca a la dada por el propio arqueólogo Alberto Ruz, quien en un artículo publicado en 1953 en el The Illustrated News, dice sobre la figura:

“En la piedra en cuestión vemos a un hombre rodeado de símbolos astrológicos que representan el cielo —el límite espacial de la tierra del hombre y la morada de los dioses, donde el curso fijo de las estrellas marca el implacable ritmo del tiempo—. El hombre reposa sobre la tierra, representado por una grotesca cabeza con rasgos fúnebres, ya que la tierra es un monstruo que devora todo lo que vive; y si el hombre reclinado parece caerse hacia atrás es porque su inherente destino es caer a la tierra, el país de los muertos.

Pero sobre el hombre se alza el bien conocido motivo cruciforme, que, en algunas representaciones es un árbol, en otras la estilizada planta del maíz, pero que siempre es el símbolo de la vida surgiendo de la tierra, la vida triunfante sobre la muerte."

Es decir, para la arqueología es en estos tiempos queda claro, que el llamado “astronauta” no es más que el rey Pacal y el mentado cohete, es la representación del árbol de la vida surgiendo de la muerte.

Para Nacho Ares, este error resulta muy común entre los investigadores dedicados a investigar los temas de misterios de la antigüedad, debido principalmente a que intentan buscar en el entorno diario (cohetes, misiles, autos Citroën 2 CV) semejanzas que puedan explicar representaciones sorprendentes, como el caso por ejemplo, de la llamada “Bombillas de Dendera” u otros OOPARTS, que concitan la curiosidad incluso en diversos museos del mundo.

9 comentarios:

Yamile dijo...

La verdad que la versión de que es un rey maya pasando a la inmortalidad me parece tirado de los pelos, sobre todo por la posición en que se encuetra que no parece estar cayendo a ningun lado sino maniobrando algo. En fín, me pareció muy interesante este tema, ojalá que sigas escribiendo sobre este tema ya q' a mí me fascina estos misterios de la historia.
Un beso, bye

Anónimo dijo...

Muy interesante el blog pues presentas los casos desde diferentes puntos de vista .

Saludos

Anónimo dijo...

Me olvidaba ... sería interesante si fuera posible inscribirnos al blog via correo .


gracias

Percy dijo...

Gracias por tu comentario y sobre todo por tu sugerencia, ya hemos implementado una manera para suscribirse a nuestro blog vía e-mail además de una manera para que formes parte de nuestra comunidad de EO como uno de nuestros seguidores.

Gracias por tu interés.

Anónimo dijo...

Es cierto: es mas rebuscado pensar que no es un artefacto. Es un claro operador de alguna clase de maquina. Es muy tirado de los pelos pensar que para representar el paso a la inmortalidad o cualqueier otra cosa figurada o espritual, utilicen un objeto tan contundente y de obvio aspecto tecnologico. Esta es una de las veces en que querer lo obvio no tiene sentido, es clarisimo y fascinante ese grabado. Hay que admitir que ese y otros tantos hallazgos hablan de Dioses del cielo en aparatos voladores, como la misma biblia..

Anónimo dijo...

Correccion:
..Esta es una de las veces en que querer contradecir lo obvio no tiene sentido..

Damsel dijo...

HOLA A TODOS; LES COMENTO QUE RECIENTEMENTE FUI A LA ZONA ARQUEOLOGICA DE PALENQUE Y EN DICHA VISITA AL HABLAR CON EL GUIA O LA PERSONA QUE NOS DIO EL RECORRIDO, LLEGAMOS A LA IMAGEN DEL SEÑOR DEL PACAL EL CUAL NOS HIZO EL COMENTARIO QUE SE LE ESTABA DANDO UNA INTERPRETACION CIENTIFICA A LA IMAGEN, EN LO PERSONAL VEO A LA CULTURA MEXICANA AUTENTICA Y NO ENCUENTRO EL MOTIVO DEL PORQUE DISTORCIONAR ALGO QUE ES TAN NATO Y PURO.
NO BUSCO CONTRADECIR LOS PENSAMIENTOS DE QUE ES UNA NAVE ESPACIAL SIN EMBARGO QUIERO HACER SABER MI OPINION LA CUAL NO COMPARTE LA MISMA INTERPRETACION SINO AL CONTRARIO.
EN FIN ME DESPIDO Y EL HECHO DE VER ESTE TIPO DE BLOG ME MOTIVA A QUERER INVESTIGAR Y SABER MAS DE ESTA CULTURA...
GRACIAS POR SUS IDEAS COMPARTIDAS
HASTA PRONTO

Damsel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
carlos dijo...

Encuentro que halla una explicación más racional que otra, sobre todo si no son convincentes del todo. es inengable que los símbolos y jeroglifos mayas tienen un significado. Pueden darse otras interpretaciones: una mesa de operaciones, una viaje alucinógeno, o incluso la descripción de un viajero del tiempo ¿ por qué obstinarse en una sola interpretación cuando no hay evidencias que sean del todo concluyentes ? Lo faltante lo llenamos con creencias...