LA LEYENDA DANIEL DAY-LEWIS Y EL FANTASMA DE SU PADRE




Por Percy Taira

Los premios Oscar han concluido y entre los muchos galardonados en esta gran ceremonia del cine estadounidense, se encuentra el otorgado al actor británico Daniel Day-Lewis por su interpretación del presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, en la película Lincoln.

Daniel Day-Lewis es considerado hoy como el mejor actor de la historia, por lo menos para el cine estadounidense, al ser el único que ha obtenido tres veces la codiciada estatuilla como Mejor Actor principal o protagónico, lo obtuvo con su papel en Mi pie izquierdo (1989), y por Petróleo sangriento (2007).

Este reconocimiento no es gratuito. Day-Lewis es conocido por aplicar a su trabajo el conocido “método”, que no es más que cuando el actor se sumerge completamente en su papel como mantener su forma de hablar y expresarse, tomar sus actitudes y moviéndose como su personaje incluso en momentos en que no está frente a las cámaras, por ejemplo, en la película "Mi pie izquierdo", se negó a abandonar su silla de ruedas por semanas y pedía que lo empujaran y lo alimentaran en la boca, en un intento por construir al escritor cuadrapléjico Christy Brown, y en “Lincoln”, pidió a los trabajadores británicos del film que no le hablaran para no perder su acento estadounidense.

Quizá por ello, el actor se ha ganado también la reputación de excéntrico y  justamente una de las leyendas que se tejen sobre este actor, puede ser una mezcla de su excentricismo, la forma cómo encarnaba a sus personajes, y también, quizá, con algo mucho más extraño.


EL FANTASMA DE SU PADRE

Una de los momentos más difíciles y polémicos de su carrera ocurrió en 1989, cuando Day-Lewis, interpretó el papel de Hamlet en el Teatro Nacional de Londres. Se dice que en un momento de la función, mientras interpretaba al personaje de Shakespeare, Day-Lewis se quedó mudo, se puso sumamente pálido, y después de unos segundos abandonó raudo el escenario llorando inconteniblemente.

Desde allí los rumores corrieron y dijeron que fue tal la representación que hizo Day-Lewis que al igual que Hamlet, llegó a ver durante la función al fantasma de su propio padre, el reconocido poeta Cecil Day-Lewis, quién murió cuando el actor tenía 15 años, y con quien se dice, tuvo siempre una relación complicada.

El rumor nunca se desmintió y si Day-Lewis se refería al tema, siempre dejaba la duda en el aire. Una vez cuando se le preguntó sobre esta leyenda, él respondió: “probablemente veía al fantasma de mi padre cada noche”.

Verdad o no, lo cierto es que desde esa huída dramática del escenario, Daniel Day-Lewis nunca volvió a interpretar a Hamlet otra vez, y es más, nunca volvió a pisar las tablas de un teatro, algunos dicen incluso, que la sola idea de estar en una obra teatral le produce terror y aversión.

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