LIBROS DEL MISTERIO: EL VATICANO AL DESNUDO (II-PARTE)

Por Sergio Tenguán

San Bernardo de Claraval, es sin duda uno de los santos que más ha hecho por la Iglesia Católica. No fue sacerdote, fue un monje francés de la Orden del Císter. Reformó la Orden y fue uno de los personajes más influyentes de su época. Apadrinó la Orden del Temple y sin su apoyo los caballeros no hubiesen sido la leyenda que son ahora. Intento predicar a los Cátaros o Albigenses y fue uno de los revolucionarios en cuanto a la devoción por la Virgen María.

Dentro de sus más reconocidos logros destacan el nuevo perfil en cuanto a religiosidad cristiana, el canto gregoriano, la vida monástica y la expansión de la arquitectura gótica.

Este gran hombre, temeroso de Dios mas no de la Iglesia Romana, tenía un discípulo que llegó a ser el vicario de Cristo en la tierra. Su nombre era Eugenio III (1145-1153), discípulo cisterciense de san Bernardo y no uno cualquiera, sino que era el más importante. San Bernardo aceptó cederlo a la Iglesia Romana solo para que la reformara y durante su pontificado lo siguió considerando alumno suyo y continuaba impartiéndole las más severas lecciones.

San Bernardo sabía cuán corrupta y cuán alejada del buen camino estaba la Iglesia de Dios y es por esto que aconsejó a su discípulo, ya convertido en Papa, de la manera más directa posible, sin medias tintas ni falso respeto por las vestiduras de la curia romana.

El mensaje que dio este santo, debería ser convertida en oración diaria cual Padre Nuestro para cada nuevo pontífice que se siente en la silla de Pedro.

Voy a compartir con Uds. amigos lectores algunas de las frases más elocuentes que escribió san Bernardo al Papa Eugenio III.

‹‹ ¿Me podrías citar a uno solo que no te haya acogido como papa sin que haya habido entregas de dinero o sin esperanza de recibirlas? Y ahora, tras haberse declarado servidores tuyos, pretenden todo el poder. (...) A partir de este momento no tendrás ningún proyecto del que ellos se crean excluidos; no tendrás ningún secreto en el que ellos no se entrometan. ››

‹‹ Son muy hábiles cuando obran el mal e incapaces de hacer el bien. Se les odia en el cielo y en la tierra, pero han extendido las manos hacia ambas cosas; son impíos con Dios y desvergonzados con las cosas santas; turbulentos entre sí, envidiosos de los que tienen al lado, sin compasión con los demás; nadie consigue amar a estos que no aman a nadie (...). No aceptan la sumisión, pero no han aprendido a mandar; son desleales con los superiores e insoportables para los inferiores. (...) han aprendido a llenarse la boca de grandes palabras pero se muestran mezquinos en su obrar. Son generosos en las promesas pero muy tacaños en su cumplimiento, acarician en la adulación y son hirientes en la maledicencia; disimulan con el más inocente candor, traicionan con la más experta perfidia. ››

‹‹ Los obispos tus hermanos tienen que aprender de ti a no rodearse de muchachos melenudos o jovenzuelos seductores. Entre las cabezas mitradas no queda nada bien este trasiego de peinados sofisticados. (...). De todos modos, es más importante en todos los casos el sentido de la mesura. ››

‹‹ Tú no debes ser el último en enterarte de los desórdenes que se producen en tu casa. Levanta la mano sobre el culpable. La impunidad provoca temeridad y ésta abre el camino a todos los excesos.››

Esto fue escrito en los años 1100 aproximadamente y cómo podemos ver, ya la Iglesia sufría de los mismos males que sufre hoy en día. Lo curioso es de que el “doctor de la Iglesia” (la misma Iglesia le dio ese título) san Bernardo, hace mil años hizo un diagnostico preciso de las enfermedades que la afligían y recetó el medicamento que se necesitaba para una total recuperación, sin embargo pasados mil años, siguen haciendo caso omiso a las recomendaciones del santo varón.

Cuando empecé a comentar este libro, tenía la idea de ir comentándolo poco a poco como lo he hecho en otras ocasiones, pero me parece innecesario agregarle algo más a lo que dicen, tanto san Bernardo, como a Los Milenarios, los autores del libro. Y es que al leerlo queda todo tan claro que opinar algo más, no sé, lo sentiría como redundar en el tema, por eso decidí parafrasear un poco el libro en esta ocasión y de este modo Uds. también pueden ver que el mensaje del libro es fácil de entender, pero al parecer, no tan fácil para sus eminencias hacer los correctivos necesarios, para que de una vez por todas ubiquen a la Iglesia en el puesto de guía y modelo para la humanidad, cristiana y no cristiana también (un buen hombre, será siempre reconocido como tal, en cualquier circunstancia, lugar o tiempo).

Esta es la política del Vaticano, la política del susurro en el oído, la política del agrupamiento convenido por parte de muchos de los prelados, que están a la caza de un ascenso para ellos o para sus protegidos (léase los melenudos). La política de propagar chismes e injurias en contra de aquellos que están en su contra o siquiera que tengan la mala suerte de haberse tropezado en sus caminos de ascensión al poder. La política de las minorías mayoritarias, ya que según Los Milenarios, estos curas malogrados por la ambición, representan tan solo el 20 por ciento o menos del universo sacerdotal y sin embargo son los que manejan los hilos de la Iglesia de Cristo. El 80 por ciento restante si bien quizás, ni tan buenos pero tampoco tan malos, definitivamente mudos y resignados a la idea de que ya hay un orden establecido de mando y que ellos no podrán aspirar a eso nunca. En este caso los no tan malos se dedican a predicar la palabra de Dios y a ganarse su lugar en el paraíso y los no tan buenos, pues, a trabajar y simplemente esperar a cobrar su retiro como en cualquier otra profesión.

Más adelante les comentaré sobre algunos pasajes del libro que son narrados a manera de anécdotas y que llegan inclusive a ser graciosas por la desfachatez con que se presentan algunos de los aludidos, anécdotas de nuncios homosexuales, adictos al sexo y cosas por el estilo.

Queda pendiente también algunos temas más serios como las mafias operantes dentro del Vaticano y quienes llevan las riendas en palacio.

Hasta la próxima semana...

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