¿Es el periodismo del misterio un periodismo serio? ¿Quién decide qué es serio o no? | Editorial
Por Percy Taira M.
Hoy quiero compartir una reflexión que considero necesaria. Hace apenas unos días, un reconocido político español realizó declaraciones en televisión y también en su cuenta personal de X, antes Twitter, que resultaron ofensivas hacia quienes nos dedicamos al periodismo del misterio. Sus palabras apuntaban a desacreditar a los periodistas que investigan y estudian fenómenos como el OVNI, lo paranormal, la criptozoología, los mitos y las leyendas y otros temas más que forman parte de lo que llamamos "Mundo del Misterio".
No voy a entrar en debates políticos. Soy peruano y no me corresponde opinar sobre la ideología ni la actividad partidaria de nadie en España. Tampoco pretendo analizar las posturas del periodista al que se hacía referencia en esas declaraciones, el conocido comunicador español Íker Jiménez, ampliamente reconocido en el mundo del misterio por su trayectoria en programas como Milenio 3, así como en espacios televisivos como Cuarto Milenio y Horizonte.
Lo que sí me interesa es reflexionar sobre una idea que suele repetirse con demasiada ligereza: Que un periodista que se dedica al misterio no es un periodista serio. Esa afirmación, más que un argumento, es un prejuicio.
La seriedad de un periodista no depende del tema que trate. Existen quienes sostienen que si alguien habla de fútbol no es un verdadero periodista, que si cubre espectáculos tampoco lo es, o que solo quien aborda Política o Economía merece ese reconocimiento. Pero, ¿quién define qué es un periodista serio? ¿Dónde está escrita la norma que establece que ciertos temas son legítimos y otros no?
Es evidente que hay asuntos con mayor impacto inmediato en la vida cotidiana de las personas. La política, la economía o la seguridad influyen directamente en el día a día. Sin embargo, el periodismo no se limita a una sola dimensión de la realidad. También informa, investiga y analiza aquellos temas que despiertan el interés de un público específico. El periodista, en esencia, cumple la función de informar con rigor a una audiencia que busca comprender mejor aquello que le inquieta o le apasiona.
El problema, entonces, no es el tema. El verdadero criterio debería ser la honestidad. Un periodista puede especializarse en cualquier ámbito, pero si miente deliberadamente, si vende su línea editorial al mejor postor, si difunde noticias falsas sabiendo que lo son, entonces el problema no es la temática, sino la ética. La falta de integridad es lo que deslegitima la profesión.
Por el contrario, un periodista que trabaja con honestidad, que cree en lo que investiga, que contrasta fuentes y que respeta a su audiencia, ejerce su labor con dignidad, independientemente de que su campo de estudio sea la política o el fenómeno OVNI. La ética no depende del rubro, sino de la conducta.
Aquí puedes ver nuestra editorial en el podcast de Expediente Oculto
Tampoco la seriedad está ligada al medio utilizado. En estos tiempos, resulta absurdo afirmar que solo es periodista serio quien publica en prensa escrita o transmite a través de la radio o la televisión; y que alguien que usa como medio YouTube o TiKTok queda automáticamente desacreditado. El soporte no define la calidad. Hoy más que nunca, el periodismo se ejerce en múltiples formatos. Y basta observar el panorama actual para comprobar que no todo lo que se imprime en papel ni todo lo que sale en la televisión es necesariamente riguroso, así como no todo lo que se publica en plataformas digitales es frívolo o irresponsable.
En lo personal, siento un profundo respeto por Íker Jiménez. Cuando estaba terminando mi carrera y escuché por primera vez los pódcast de Milenio 3, descubrí el concepto de periodismo del misterio. Hasta entonces, como muchos en esta parte del mundo, asociaba el misterio únicamente con ovnis, fantasmas o curiosidades esotéricas. Sin embargo, comprendí que era posible hacer periodismo con las mismas herramientas, el mismo rigor y la misma metodología que en cualquier otro campo, pero aplicado a fenómenos que tradicionalmente habían sido marginados o ridiculizados.
Ese descubrimiento amplió mi horizonte profesional. Entendí que no estaba mal sentir pasión por estos temas, que no era incompatible el interés por el misterio con la formación periodística. Durante años guardé ese sueño de poder dedicarme a ello de manera profesional. En España ya existían revistas, programas de radio y espacios consolidados. En Perú, en cambio, no había un entorno que permitiera desarrollarse en ese ámbito, por lo que tuve que orientar mi carrera hacia campos más convencionales.
Aun así, nunca abandoné ese interés. Desde aproximadamente 2007 mantuve un pequeño blog dedicado al misterio que tuvo cierto éxito en los primeros años de auge de la blogósfera. Lo desarrollé más por vocación que por rentabilidad, pero me dio una enorme satisfacción personal. Si hay un tema que ha marcado mi vida profesional y personal, ha sido este: El misterio y todo lo que lo rodea no han sido una moda pasajera, sino una pasión constante.
Por eso considero preocupante que todavía exista un tabú, una burla implícita o un menosprecio hacia quienes investigamos estos asuntos. Esa mirada por encima del hombro no contribuye al debate ni enriquece la profesión. Al contrario, empobrece la discusión y refuerza prejuicios que ya deberían haber sido superados.
Me parece positivo que en España muchos periodistas del misterio hayan respaldado públicamente a Íker Jiménez frente a los ataques recibidos. Más allá de las diferencias ideológicas que cada uno pueda tener, ese gesto demuestra que existe una comunidad profesional consciente de la importancia de defender su ámbito de trabajo. El misterio, como campo de investigación y análisis, merece el mismo respeto que cualquier otro.
Ojalá llegue el día en que se entienda que el periodismo no se mide por el tema que aborda, sino por la honestidad con la que se ejerce. Que la seriedad no depende del formato, ni de la ideología, ni del objeto de estudio, sino del compromiso con la verdad y con la audiencia.
Esa es la reflexión que hoy quería compartir. Porque defender el periodismo del misterio no es defender una extravagancia, sino reivindicar la libertad de investigar, preguntar y contar historias que, para muchos, también forman parte de la realidad que desean comprender.




Comentarios