REFLEXIÓN SOBRE LAS PASTILLAS DE LA INTELIGENCIA Y OTROS PRODUCTOS


Hace unos meses comenzó a venderse legalmente en los Estados Unidos las llamadas "pastillas para la inteligencia", también conocidas como el "viagra para el cerebro". Según sus fabricantes, estas pastillas pueden potenciar nuestro cerebro dándonos una inteligencia superior a la que tenemos. Los fabricantes se basan sobre la idea (falsa por cierto) de que el cerebro trabaja solo en un 10 por ciento de su capacidad y aseguran que gracias a este medicamento, podría llegar e incluso sobrepasar, el 100 por ciento.

Entre sus principales efectos promocionados se encuentran el mejoramiento de nuestra memoria y la atención; el aumento de nuestra energía y en algunos casos, mayor facilidad para la resolución de problemas. Sin embargo, vale la pena mencionar que hay varias personas que han cuestionado estos efectos y han dicho que las pastillas no le ha funcionado o que han tenido efectos negativas como vómitos o dolores de cabeza. También están los especialistas médicos y neurocientíficos que han desestimado sus efectos positivos al considerar que la pastilla no es más eficaz que una taza de café y han rechazado la premisa de que existan medicamentos que te hagan más inteligente: uno simplemente no se puede convertir en un Albert Einstein de la noche a la mañana.

No obstante, no quiero referirme a estos detalles que todavía hoy se encuentran en el debate entre los que apoyan y no, este producto. Me gustaría ir más allá, y reflexionar sobre la necesidad que existe actualmente en nuestra sociedad, para consumir este tipo de productos.

Según las estadísticas, los más grandes consumidores de estas pastillas son los estudiantes universitarios y la clase media trabajadora (sobre todo profesionales) que las necesitan para hacer frente a sus actividades diarias.

Y es que al parecer hoy en día, nuestro cerebro resulta insuficiente para vivir en este mundo moderno y necesitamos un súpercerebro. Nos vemos cada vez más en la necesidad de llevar a nuestro cerebro y con él, a todo nuestro cuerpo, a sobrepasar los niveles naturales en los que deberían trabajar y les exigimos ir más allá del máximo posible. Y esto no sucede solo con las pastillas de la inteligencia, sucede también con el consumo de los energizantes, con las pastillas para no dormir, etcétera. Estamos empastillando nuestro cuerpo para que lleve el ritmo de vida que queremos, pero que le resultan antinatural.

No sé mucho de carros, pero uno sabe que si lleva a su cochea más kilómetros de lo que puede soportar o le hace subir colinas empinadas para los que no está preparado, tarde o temprano el motor se va a fundir, se va a malograr. Claro, para un motor, encontramos repuestos, pero no tenemos repuestos para nuestro cerebro. Es lógico pensar que el estilo de vida que impone en muchos, este tipo de sociedad "moderna" terminará tarde o temprano por pasarnos la factura.

Pero eso no es todo, sino que el uso de estas pastillas y demás complementos para mejorar nuestro organismo nos lleva a una serie de consideraciones éticas que podrían cambiar para siempre nuestra sociedad. 

Primero, en este mundo competitivo, lo que hacemos con el consumo de estas pastillas o sus similares, es generar una competencia desleal en la que cada persona ya no se basa en sus propias habilidades y capacidades para avanzar y desarrollarse, sino que emplea "trampas" para hacerlo. Es como que un atleta consuma una sustancia prohibida para ganar la carrera de cien metros planos. En una olimpiada sería  eliminado luego de una prueba de antidoping, lamentablemente, en los centros de estudio y en muchos centros laborales, no hay este tipo de exámenes para sus estudiantes o trabajadores.

Entonces, el que está en la carrera es evidente que no puede competir de manera justa contra aquel que consuma este tipo de productos para mejorar su productividad, y es probable, que se vea también forzado o tentado a consumirlos para no quedarse atrás en la carrera.

Y con esto también podría producir otro tipo de fenómeno social pues estaríamos dividiendo a las personas (competidores) en dos tipos distintos: entre los que pueden pagar estas pastillas y los que no. 

Sin embargo, el problema de fondo sería, la dependencia que estas personas podrían tener a este tipo de complementos. Si uno llegó al cargo soñado o si alcanzó ese primer lugar en los estudios y lo hizo gracias a la potencia de estas pastillas, se verá obligado a seguir consumiéndolas para mantenerse en ese puesto, pues es consciente de que no podría conservarlas con sus capacidades naturales.Es por ello que las pastillas o cualquier otro medicamento de este tipo, podría llegar a ser adictivas.

Y repito, no solo se trata de estas pastillas. El mundo en el que vivimos nos obliga cada vez más a llevar un estilo de vida que va en contra del estado natural de nuestro organismo. El estrés, la falta de tiempo, el sedentarismo, etcétera, nos está convirtiendo en una sociedad afectada psicológicamente, violenta, mal alimentada, y con mayores y más variadas enfermedades. Estamos tratando a nuestro cuerpo de manera antinatural, lo forzamos, le exigimos más de lo que puede dar y cuando éste se enferma, cuando éste reclama y hace ver que la maquinaria está afectada, creemos que podemos curarlo todo con pastillas y demás brebajes. 

Sería bueno reflexionar sobre cómo tratamos a nuestro cuerpo. Cómo nuestro estilo de vida moderno, lo afecta y qué es lo que reclama. Sería bueno escuchar de vez en cuando sus necesidades y atenderlas, de manera natural y saludable.


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