REFLEXIÓN: ACABEMOS DE UNA VEZ CON LAS CORRIDAS DE TOROS EN LIMA



Por Percy Taira

En la última semana, los noticiarios y diarios de la capital han rebotado la noticia en la que dos pescadores matan a pedradas un lobo marino varado en la playa de Chimbote.

Las imágenes por supuesto, son terribles y merecen el rechazo (que por suerte ha ocurrido) de toda la comunidad, sin embargo, resulta curioso y hasta hipócrita, que muchos de estos noticiarios y diarios de nuestra capital, por un lado, rechacen este tipo de violencia animal pero por otro lado, difundan y promuevan eventos igualmente de terribles, sádicos y salvajes, como son las corridas de toros.

En nuestra ciudad, las corridas de toros, continúan siendo legales, y no solo eso, sino que son promovidas y defendidas no solo por las autoridades locales sino también por varios medios de comunicación y una elite de seguidores que al ser tan pocos en una ciudad tan grande como la nuestra, siempre es de extrañar el extraordinario poder que ejercen para evitar la cancelación definitiva de este tipo de eventos.

No escribo este post para iniciar un debate sobre si la tauromaquia es una tradición o arte, y por ende, si forma o no parte de nuestra cultura. Mi posición es clara, las corridas de toros no es ni tradición ni arte y es  hora de dejar de considerarla parte de nuestra cultura. La corrida de toros es simplemente un espectáculo de sangre y muerte en donde se muestra el lado más salvaje y abusivo del ser humano ante seres que no tienen por qué diantres sufrir tal maltrato.



Sin importar el nivel cultural e intelectual de los defensores de esta matanza animal, estos dicen que la corrida de toros es una tradición. En principio habría que indicar que sí, es cierto, es una tradición, pero es una tradición extranjera, no nuestra, no peruana, sino española y si llegó a nuestro país, fue por la conquista. Es decir, fue una “fiesta” impuesta, no nacida naturalmente por nuestros ciudadanos, no originada de nuestra cosmovisión prehispánica, y siendo una fiesta española, los españoles tendrían todo el derecho de continuar con esta tradición sino fuera, porque (miren qué sorpresa) en muchos pueblos españoles, se ha prohibido las corridas de toros, porque aunque a muchos les cueste aceptarlo, las tradiciones, también pueden cambiarse, adecuarse, corregirse o simplemente prohibirse, con el paso de los tiempos.

El Siglo XVI no es el mismo que el Siglo XXI, y si bien los seres humanos parecemos mantener los mismos defectos sociales, hay prácticas que no son aceptables con el paso del tiempo. ¿Por qué ya no se permiten las luchas de gladiadores en las arenas de los coliseos? ¿Por qué ya no se cuelgan en la plaza pública a los ladrones y maleantes? ¿Por qué ya no se les corta la cabeza a los sentenciados por traición o asesinato? Lo llamado tradicional, incluso aquellas prácticas que han estado muy arraigadas en varias civilizaciones, pueden transformarse, pueden variar y pueden también eliminarse. Justificar las corridas de toros, en pleno Siglo XXI, porque es una “tradición”, resulta ser pues tan acertado como justificar las otras barbaridades cometidas en siglos pasados y que hoy ya no se practican.

Por otro lado, hay quienes califican a la corrida de toros como un arte. Esto, resulta para mí, mucho más sorprendente aún. Decir que esto es un arte por el brillo de los trajes, por la manera cómo el torero esquiva al toro, cómo muestran su bravura tanto el toro como torero, resulta ser sumamente desconcertante cuando uno sabe que el resultado de todo eso no es más que poner a un animal en un ambiente cerrado, siendo atacado por una serie de personajes que lo “pican” para su encuentro final con el torero. Final en el que el toro es torturado, cortado, bañado en sangre, para finalmente ser asesinado a manos de un desconocido, ante el aplauso, la risa de un grupo de personas que considera aquel “espectáculo” de muerte y sangre, un arte.

Que me disculpen estas personas (alguna de ellas tan distinguidas y mucho más “cultas” que yo) pero un arte que necesita de la sangre de un ser vivo, producto de un asesinato, también en vivo, no merece calificarse como arte. No tiene nada de bello. Eso no es arte, eso, no eleva el espíritu de nadie, eso no nos hace mejores personas, ni embellece el alma ni los ojos de quien lo observa. Eso no es arte, y punto.

Y como estos argumentos, hay otros, que van desde lo social hasta lo económico, desde lo intelectual hasta lo religioso, desde lo enteramente personal hasta lo sociológico y nacional. Todos igualmente de increíbles tratando de justificar lo injustificable. Tratando de blanquear las manchas de sangre. Tratando de hacer humano y trascendental algo que acude a lo más inhumano y se regodea en lado más primitivo y cavernario del hombre.


Mahatma Gandhi, dijo una vez que “un país, una civilización se puede juzgar por la forma en como trata a sus animales”, y creo que tiene mucha razón, y por suerte, cada vez son más las personas que son conscientes de la brutalidad de las corridas de toros en nuestro país y son más los que consideran que este evento, debe erradicarse de una vez de Lima. ¿No me creen? Ojalá algún día hagan una encuesta sobre este tema y le pregunten a la gente si están de acuerdo o no con la eliminación de las corridas de toros en la capital. Veremos que aquello, que los seguidores de las corridas de toros llaman “tradición” y “cultura”, no tiene ningún tipo de asidero en la mayoría de los limeños, y que esas etiquetas no es más que una forma de mantener en el presente, viejos elitismos y caprichos familiares, de un pequeñísimo porcentaje de la población y que todo eso no tiene nada qué ver con nuestra ciudad, con quienes la habitamos, ni mucho menos con estos nuevos tiempos.


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