EL GRAN TERREMOTO DE ICA Y PISCO DE 1664



NDE: Aún el dolor del terremoto de 7,9 grados en la escala de Richter que ocurrió en la ciudad de Pisco, ubicado en Ica, Perú, está latente, por ello advertimos desde un inicio que este artículo no es para abrir viejas heridas, lo hacemos con la intención de publicar en el blog, un documento histórico que puede ser de interés para los investigadores o para los especialistas que desean saber más sobre los sismos fuertes que han ocurrido en este país, y cómo los pobladores y los cronistas de la época, trataron este tema. Repetimos, no publicamos esto para herir susceptibilidades, sino como un documento que puede ser importante para los investigadores sobre esta materia.


Por Percy Taira

El Perú es un país sísmico, no hay duda de ello, por ello, las crónicas antiguas, de la época de la colonia e incluso reportes de la época republicana, el tema de los terremotos siempre fue piedra angular de las noticias que recorrían nuestro país. Uno de los más importantes terremotos que ocurrió en nuestras tierras, sucedió en la madrugada del 12 de mayo, del año 1664, en la ciudad de Ica, en la costa sur del Perú.

Para conocer más detalles sobre lo que ocurrió ese día, vamos a revisar el libro “Terremotos. Colección de las relaciones de los más notables que ha sufrido esta capital y que la han arruinado”, publicado en 1863 por D. Manuel de Odriozola, en la que se publica una interesante lista sobre los temblores y terremotos que han afectado la ciudad de Lima, y demás provincias del interior del país entre el Siglo XVII y XVIII.


TERREMOTO DE ICA DE 1664

Sobre este hecho el libro nos dice lo siguiente: “Año de 1664. Día 12 de Mayo, de cuatro á cinco de la mañana, tembló furiosamente la Ciudad de Ica”.

Y nos da más detalles sobre este hecho: “Á 12 de Mayo de 1664 sucedió el formidable terremoto, que asoló la Ciudad de San Gerónimo de Ica, sin perdonar edificio á quien no llegase la ruina ó el descalabro; mas de cuatrocientas personas quedaron muertas y sepultadas entre las ruinas, negándoles la oportunidad de huir, la hora, que fue al cuarto del Alva, en que cojió a todos en el lecho desprevenidas, y á muchos en el de su culpa, que dormían el sueño de su muerte para no despertar á mejor luz para toda la eternidad”.

Un dato curioso sobre este terremoto, es que al parecer, la gente comenzó a echarle la culpa del fenómeno natural a un hombre que el día anterior, asesinó a un sacerdote. El autor relata así el hecho:

“La tarde antecedente al extrago, un hombre atrevido osó poner las manos en un Sacerdote Clérico con tan ciega pasión, que le quitó la vida con diez y siete puñaladas. Al grito de culpa tan atroz, sin duda se estremeció el Cielo, y la tierra se sacudió de impaciente, por no disimular tan abominable délito; y el Señor á quien tan gravemente lastiman ofenzas, que se hacen contra sus Sacerdotes y Cristos en la tierra, quiso acabar de una vez con toda la Ciudad en que se había fraguado”.

Tal fue la culpa que la población la atribuyó al asesino, que según dice el libro, el Conde de Lemos, en la Plaza de Lima, le “quitó en público cadalso la cabeza”.

Otra versión de la época sobre el mismo terremoto dice lo siguiente: “Hubo en esta Ciudad de Ica un temblor de tierra tan grande, tan violento en la fuerza, tan acelerado en la duración, que en espacio de un credo asoló toda la Ciudad, sin que quedase piedra sobre piedra, en todas las casas y templos, de cal piedra y ladrillo de muy preciosa y fuerte arquitectura; tales eran los de San Francisco y San Agustín que se reputaban eternos, y sacudidas sus paredes, y azotadas unas con otras se deshicieron en  muy menudos pedazos, sin que quedase pared, arco, ventana ó portada que pudiese volver á servir otra vez”.

Y agrega: “Abrióse la tierra por muchas partes; en los montes y campos se desunía la tierra formando habras, y horribles profundidades, que parecían bocas abiertas para tragarnos; corrió el río en mas de seis riegos de agua; rebozaron algunos pozos de la Ciudad, arrancándose de raíz muchos y grandísimos árboles, sauces, pajarobobos y espinos, y de los que quedaron en pié se desgajaron infinitas ramas, quedando cegados infinitos caminos reales (…) el vino de las bodegas corría en arroyos, así como el aguardiente depositado en ellas, cuya pérdida se avaluó en mas de trescientos mil pesos”.

Según se cuenta en esta recopilación de historias sobre este fuerte terremoto ocurrido en Ica, luego del sismo, hubo réplicas por más de un cuarto de hora, con lo que se terminó de caer las pocas paredes que se mantenían en pie.

Se estima que este terremoto habría dejado un saldo de quinientas personas  muertas en toda Ica.


PREMONICIONES Y RESCATE DE LOS CUERPOS

Pero hay más, según consta en el libro, meses antes de este terremoto una imagen del “Patriarca San José, se vio sudar sangre; y observándose repetidas veces tan extraño sudor, procuraron los de la ciudad con rogativas y novenarios se les convirtiese en bien el agüero; pero durando las culpas no pudieron escapar de la ira de Dios”. Para ellos, este habría sido un presagio del sismo que luego sufrirían.

Pero también el autor nos da detalles sobre la magnitud de la catástrofe, temas positivos como el hallazgo de gente viva y la unión de los sobrevivientes para rescatar a los heridos, hasta el terrible desentierro de los cadáveres. Esto cuentan las crónicas de la época:

“También se notó por prodigio el que desenterrando de los túmulos de tierra á los que había oprimido el temblor, por ver si aun encontraban algunos con vida, hallaron á una criatura tomando el pecho, ella viva y la madre muerta. A otros descubrieron muertos, puestos de rodillas, algunos con el puño cerrado sobre el pecho; otros formada la Cruz en los dedos de la mano; señales de que no luego los quebrantó el terremoto, y que el tiempo batalló contra el polvo la respiración, sin encontrar brecha para escapar de la muerte, habrían actos de contrición, clamando á Dios en la mayor miseria por misericordia”.

Otra versión del terremoto nos dice lo siguiente: “Los que quedaron vivos solo fueron cerca de doscientas personas y el resto fueron enterrados bajo los escombros de la ruina, dando voces y alaridos para que fuesen socorridos de los que quedaron salvos, á que acudieron todos con cristiana piedad, sin exceptuarse ninguno en trabajar personalmente para desviar los adobes y cargar los maderos; muchas lastimosas fueron las heridas que sacaron, de las que quedaron muchos impedidos para toda su vida; terribles y espantosos fueron los alaridos y ahuyidos de los perros, gatos y demás animales, todos á una voz herían el aire quejándose heridos y enterrados vivos, llenando de pudor los oídos y de horror los corazones”.


TAMBIÉN EN PISCO

Además de la ciudad de San Gerónimo de Ica, también se vio afectada la llamada villa de San Clemente, ubicada en Pisco, que sufrió similares destrozos sobre todo en los edificios de la ciudad. Se dice que en Pisco habrían muerto unas 60 personas.

La mañana siguiente se hizo una  plegaria en la Iglesia del Suren que solo se quedó con su campanario, la escena, como era de esperar, fue de llanto y de emociones encontradas. Cuenta este documento que todo el lunes se dedicó al desentierro de vivos y  muertos, el martes, se ocupó en enterrar a los muertos, cuentan las crónicas que en la Iglesia mayor se enterraron 464 cadáveres, poniendo de 30 a 40 cuerpos en cada sepultura. Otros cuerpos más se enterraron en los conventos. También los ciudadanos desenterraron la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de Ica, que fue hallada sin ningún tipo de lesión. Los días siguientes se realizaron diversas procesiones en la que participaron todos los pobladores de las ciudades afectadas.


EL TERREMOTO SE SINTIÓ EN LIMA

Pero el terremoto de Ica también se sintió en Lima, aunque según relata el autor a la ciudad de Lima llegó “ya como cansado y remiso el temblor, á las cuatro y cuarto de la mañana, y aunque no ocasionó ruina alguna; causó mucha turbación, por la violencia con que se estremeció la tierra, y por el largo espacio que duró”. Se dice que los limeños, agradeciendo que Dios no castigara la capital, comenzaron a acudir a las iglesias, algunos ocupaban las mañanas para confesarse y comulgar; y por la tarde a realizar oraciones, escuchar la misa y los acostumbrados golpes de pecho.

También nos dice: “El día último del Octavario que fue sábado 7 del mes de Junio de el dicho año de 1664, convocada ya la Ciudad con cédulas impresas que se fijaron en las puertas de las iglesias,  hubo una comunión general, y por la tarde salió la Santísima Virgen de los Desamparados en  procesión de penitencia, con el Santo Cristo de la Agonía”.

A esta procesión participaron gente del clero y de la política de la época, incluido el propio Virrey Conde de Santiestevan y los miembros de la Real Audiencia.

Si bien es difícil conocer en términos actuales la magnitud del terremoto, por los detalles dados en las crónicas y relatos recopilados en este libro, se puede saber que pudo estar por encima de los 5 grados en la escala de Richter, esto por el derrumbamientos de las viviendas hechas en su mayoría de adobe y madera, sin embargo, el hecho de que el sismo se haya sentido en Lima, aunque sea de manera leve, pudo haberle dado un grado de 6 ó tal vez, 7.

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